Poetario

iOS app by Ian Gazcka Arechiga. Education · Ian Gazcka Arechiga

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Cada mañana te toca un poema. No hay que elegir entre mil ni desplazarse buscando algo que valga la pena. Al abrir la app hay uno solo esperándote, y se acabó en dos minutos. Cuál te toca depende de ti. Al empezar contestas tres preguntas —qué época, qué tono, qué tan largo— y a partir de ahí el poema de cada día sale de tus respuestas. Contestarlas no exige cuenta, y se cambian cuando quieras. Y si te quedas con ganas, sigues Debajo del poema del día hay más poemas, y no se acaban en la primera pantalla. La entrega diaria es la puerta de entrada; lo que hay detrás es una biblioteca que puedes recorrer cuando se te antoje. Lo que te guste se guarda en tu cuenta y te sigue de un teléfono a otro. Tú decides cómo se ve el poema Leer poesía en una pantalla suele ser incómodo, y casi siempre es porque nadie se molestó en componerla. Aquí eliges: • Cuatro tipografías, todas pensadas para leer y no para decorar. • Cinco temas, de la cal casi blanca al negro de tinta. Para el sol del mediodía y para la cama a medianoche. • El tamaño del texto y el espacio entre renglones. Un poema respira distinto que un párrafo. Quién lo escribió y qué estaba pasando No hace falta ser experto para disfrutar un poema, pero ayuda saber quién lo escribió y qué ocurría cuando lo hizo. A un toque están la vida de su autor —dónde nació, de qué vivió, cómo acabó— y el contexto de esos versos: las palabras que ya no se usan, el chiste que se perdió, lo que el autor estaba contestando. Todo eso lo escribió una persona, y se nota: se lee como algo escrito, no como apuntes de examen. De dónde sale cada poema La poesía se atribuye fatal. El mismo texto circula firmado por tres personas distintas y a veces por ninguna de las que lo escribió, y casi nadie puede decir de qué edición salió. Aquí no pasa, y no por buena voluntad. Ningún poema entra sin que alguien lo abra junto a la edición de donde salió, lo compare verso por verso, compruebe en una segunda fuente el año en que murió el autor y firme la ficha con su nombre. Es lento a propósito, y por eso el acervo crece poco a poco. Ese trabajo no se queda guardado: se ve. Al pie de cada poema está el nombre de quien lo escribió y, cuando se sabe, la obra de la que salió y el año. En la ficha del autor están el año en que nació y el año en que murió, el país, el pueblo donde nació y el lugar donde murió. Ninguno de esos datos está ahí porque sonara bien. Dos cosas que hoy son ciertas Hoy la app no tiene publicidad de ningún tipo: ni un banner, ni un patrocinio, ni un video antes del poema. Nada se le pone encima al texto ni lo parte a la mitad, y ese es el criterio con el que está compuesta cada pantalla. Leer no te exige una cuenta. Abres la app y lees. La cuenta hace falta para lo tuyo —guardar, el historial, que el poema de mañana se parezca a ti—, nunca para leer. Por ahora, poesía que ya es de todos El acervo son obras cuyos derechos ya se extinguieron: siglos de poesía en español que cualquiera puede leer sin p

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